viernes, diciembre 12, 2003

Commonsense IT Management

Hoy, espoleado por un estimado colega, he decidido echar un vistazo a un comentario que bajo el epígrafe "What Goes Around" aparecía en el número de este mes de diciembre de la HBR, el PlayBoy del Management moderno.

Se trata de una breve llamada de atención, a modo de recordatorio que, al hilo de la "polémica" desatada en los últimos meses - un año quizás - alrededor de cuál debe ser el papel de la tecnología dentro de la empresa a los efectos del negocio, argumenta, en base a un conocido artículo de mediados de los años ochenta del siglo pasado ("Save Your Information Systems From The Experts", July-August, 1986 Richard S. Rubin) por un lado la necesidad de una función de traducción entre la jerga de los tecnólogos a cargo de los sistemas de información de la compañía y la dirección de la misma; y nos recuerda, por otra parte, que la tecnología se supone que debe ayudar a la "primera línea" del negocio y no ocultársela a la dirección (de sentido común).

De hecho, Rubin, en su artículo, desarrollaba esas dos líneas de argumentación. Establecía la necesidad de contar con un auditor independiente que pudiera transmitir, en términos de negocio, el estado y las necesidades de la plataforma tecnológica de la compañía, de manera que la dirección del negocio pudiera tomar las correspondientes decisiones informadas, acerca de la dirección que debía seguirse en cuanto a estrategia tecnológica. Además, señalaba - y este es el punto de sentido común - la importancia que tenía el hecho de que la dirección mantuviera cierto sentido de la proporción a la hora de tomar decisiones: no hay que dejarse llevar por el entusiasmo del tecnólogo experto...

A pesar de que esto, expuesto así, a modo de consejo de propósito general, parezca una "perugrullada", es importante destacar algunos puntos que necesariamente se ven implicados en las afirmaciones anteriores.

Surge en primer lugar, la consideración de las TIC en la empresa; es decir, hasta qué punto resulta estratégica la tecnología por sí misma, y cómo se debe abordar la "alineación" de los objetivos estratégicos a nivel de negocio, con el nivel funcional de soporte al negocio. Alrededor de estos temas se desarrolla el debate que se iniciaba con el ya clásico artículo de N. Carr, "IT Doesn¡t Matter" y que ha dado lugar a multitud de foros de debate y ha generado importantes controversias entre los listos que han conseguido cobrar por pensar... Es un debate que se puede seguir a través de las últimas referencias recogidas en este sitio.

En otro orden de cosas, también se plantea la cuestión de ¿Qué ha pasado en la década maravillosa? ¿No hemos aprendido nada? ¿Por qué vuelve a plantearse el mismo problema una y otra vez?
¿Acaso no hemos conseguido superar la herencia de la maldición técnica de Ortega?
¿Es necesario reorientar la formación de los tecnólogos?
¿Debemos hacer que la misma cubra la brecha que existe hasta el negocio, aun a riesgo de perder intensidad en el núcleo que realmente va a aportar valor a la función tecnológica?
Quizás ocurra que, a pesar de los esfuerzos que se han llevado a cabo para subsanar esa brecha de comunicación que existe (desde el punto de vista organizacional) entre el negocio y la tecnología, el hecho de que se siga dando el mismo problema, sea indicativo de que realmente, esa función (bidireccional) de traducción es parte de la variedad requerida por el sistema empresarial, considerada la empresa como un sitema socio-técnico-económico. Este es un planteamiento que toca algunos temas que se salen del comentario que daba origen a esta intervención, de manera que queda como una idea a desarrollar... con las aportaciones de cualquiera que pudiera sentirse interesado.

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