jueves, diciembre 11, 2003

The Marketing Continuum

La pregunta del millón:

¿Dónde termina la publicidad y comienza el contenido?

¿Acaso importa?

Tal y como comentaba un colega hoy ¿Es que no es todo publicidad?

Lo cierto es que va a ser que sí. En marketing se habla del product placement, y como ejemplo se cita la película "Naufrago" un anuncio de más de dos horas de FedEx; o la serie 24, con el omnipresente 7960 de Cisco Systems, protagonista indiscutible de la serie. En unas parrillas de programación donde el contenido - como lo entendíamos hasta ahora - es ese flujo de imágenes que nos bombardea nuestras cansadas córneas entre sendos bloques de anuncios; con la tecnología digital rodeándonos y la posibilidad de evitar esas molestas cuñas con un botón del mando a distancia, parece evidente que el paso lógico es que lo que llegue a nuestras pantallas sea un contínuo de imágenes en movimiento, un flujo de infotainment en donde aparezca imbricada la tradicional publicidad en sus formas más nuevas. Metidos como estamos en un capitalismo de ficción, donde la realidad física pasa desapercibida, ya no importa lo que estemos viendo en la tele; importa que tengamos una sensación agradable, y que tengamos el firme convencimiento de que nos la merecemos, hemos pagado por ella, y hemos decidido qué ingredientes la componen... o eso debemos creer, mientras las agencias de publicidad e investigación de mercado nos clasifican en segmentos cada vez más finos (la generación X, Y, Z, los millenials, el hombre metrosexual) hasta llegar a la personalización en masa efectiva.



No sé, es mejor no pensarlo demasiado.

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