miércoles, noviembre 03, 2004

PESIT VI

Estos días se realiza la recolección de datos para la encuesta PESIT; lo cual me motiva para unos breves comentarios al respecto.



El escenario profesional para el Ingeniero de Tlecomunicación (IT) ha cambiado frásticamente en los últimos años; y hay varios factores y circunstancias que entran en juego a la hora de analizar ese cambio. Algunas de ellas, aun habiéndose convertido ya en lugares comunes para los debates sobre este tema, vale la pena sacarlas a colación aquí.



El espejismo de crecimiento ilimitado que viviera el sector a principios de siglo, hizo que se disparara el número de centros donde se distribuía la etiqueta de Teleko. La coincidencia de la explosión de la burbuja de las tecnológicas con una creciente, e imparable, oferta de IT en el mercado laboral, ha conseguido que convirtamos al IT recién egresado - y, por extensión, a todos nosotros - en una especie de 'commodity'. A ésto ayuda el manifiesto desconocimiento que tiene el mundo empresarial de la diversidad y amplitud de perfiles que se pueden encontrar a partir del "modelo básico" de IT que ofrece la Universidad como sistema productivo.



En el mercado laboral somos un bien abundantísimo y la situación es la de un mercado de oferta, donde las competencias técnicas que se nos suponen, como tecnólogos de base que somos, ya no aportan valor [añadido] alguno. A riesgo de simplificar en exceso, el hecho cierto es que somos un recurso muy barato y la empresa debe aprovechar esa situación para minimizar costes. Es normal que las escuelas no se llenen: las expectativas laborales que se ofrecen a los jóvenes no se corresponden con el esfuerzo relativo necesario que perciben desde fuera. La formación del IT sigue basándose en un modelo inflexible y anacrónico, adaptado de una realidad que ya no está vigente y pensado para formar expertos investigadores... Los datos que conozco acerca de las necesidades expresadas por las empresas de perfiles profesionales relacionados con las TIC no dejan de expresar claramente el hecho de que, la mayor parte de esas necesidades, se pueden cubrir con perfiles provenientes de los programas de Formación Profesional o, a lo sumo, de una escuela de Ingenieros Técnicos. La regla de Pareto se cumple y apenas el 20 % - yo diría que incluso mucho menos - de los perfiles demandados se corresponden con ese perfil ideal que se pretende del IT, como tecnólogo con capacidades de gestión. Es posible que la unificación de las carreras técnicas y superiores al estilo de las universidades anglosajonas dé buenos resultados a largo plazo; pero, mientras tanto, no deja de crecer el número de IT que se arrogan el calificativo de miembros de alguna Generación Perdida. Y no valen los ciclos económicos; si uno de estos profesionales debe refugiarse durante la tormenta en cualquier trabajo, corre un grave riesgo de terminar siendo irrecuperable, profesionalmente hablando.



Los avances en el desarrollo de la Sociedad de la Información y los compromisos asumidos a nivel institucional desde la CE, son un importante revulsivo para la contratación de especialistas TIC en todos los ámbitos y eso va a ser positivo para la profesión. Pero, aun así, el trabajo en las AA.PP. sigue siendo un refugio para los colegas parados en apuros. No creo que los mensajes autocomplacientes y la hipocresía sirvan de nada en esta situación. El incremento del número de IT opositando al cuerpo de ingenieros de la Admón Gnral. del Estado NO indica un cambio de actitud frente al trabajo de funcionario; tan sólo indica la necesidad perentoria de dinero para llegar a fin de mes y un deseo acuciante de seguridad laboral, un término desaparecida hace tiempo ya del vocabulario de la empresa privada.



La ordenación del sistema educativo en cuanto a titulaciones y planes de estudio será critica para controlar la oferta de IT en el futuro. Y no menos importante resultará la calidad de la formación impartida en los innumerables centros de este país que, entre la proliferación de los mismos y de cursos, tras el cambio de plan de estudios, deja bastante que desear.



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